Tras hacer una entrada acerca de los Tartessos, Fenicios y griegos, su mitología y sus dioses, vuelvo con otra entrada acerca de mitología, ésta vez centrándome en un punto específico: Mi Málaga en la antiguedad.
No hay que olvidar la presencia de Tartessos en la península, al igual que de los Fenicios y Griegos, pero ésta vez hay que añadir dos pueblos más, los celtas y los íberos, que más tarde se unirían formando otro pueblo: Los celtiberos.
Muchos son los pueblos que pasaron por nuestras costas, todos aportando su granito de arena en lo que hoy es nuestra Málaga, y es que, no todo se limita a los Griegos, Romanos o Musulmanes.
Comenzamos con los tartessos, puesto que es el que menos aportó, pero aún así pisaron suelo malagueño, y digo 'el que menos aporto' porque no hay referencias históricas y solo se puede teorizar basándonos en relatos de autores foráneos, ellos fueron quienes dieron otro nombre a una Diosa fenicia.
Cómo bien dije en la otra entrada, mitos de tartessos hay muchos, pero no voy a profundizar en algo que puse en la anterior entrada, por lo que pasaré a otro pueblo, los íberos.
Los íberos fue como llamaron los antiguos escritores griegos a la gente del levante y sur de la península ibérica para distinguirlos de los pueblos del interior, cuya cultura y costumbres eran diferentes. Luego llegaron los celtas, y se unirían como los celtíberos. ¿Pero que eran? Los celtíberos eran una serie de pueblos prerromanos celtas o celtizados que habitaban desde finales de la Edad del Bronce hasta la Romanización de la Península. Tenían sus propias fronteras, y a lo largo de los siglos, ése término ha ido variando. Es difícil precisar cómo llegaron las influencias celtas a los indígenas durante la Edad del Bronce. La cultura material resultante es claramente distinguible de los modelos celtas centroeuropeos. Éstos, junto a los Fenicios fueron quienes 'nombraron' a la Málaga de hoy en día (Junto a los romanos, obvio).
Llegamos a los Fenicios, quizás, el pueblo que más nos ha dejado, empezando porque fueron los fundadores de la ciudad, quienes construyeron un poblado cerca del cerro donde hoy se encuentra la Alcazaba. La bautizaron con el nombre de Malaka (Ya sabemos de donde viene el nombre de la peña malaguista). El asentamiento fue nombrado como MLK, que, según muchas fuentes, significaba 'Factoría'. Se sabe que la base económica de Malaka estaba constituida por la obtención de la púrpura, el trabajo del metal con el orfebre incluído, y, sobre todo, las salazones de pescado y, a este respecto, se han encontrado redes de pesca bastante tupidas, lo que nos hace pensar en la captura del boquerón. (¿Por éso nos llaman 'Los Boquerones? Interesante).
Autores como Estrabón o Pompilio la dieron a conocer, siendo el primero de ellos en hablar de Mainake y Malaka, mencionando que era una ciudad semita, irregular, a diferencia de Mainake, que se encontraba mucho más al este, y cuyas casas seguían un trazado ortogonal. Gracias a éso, pensamos que Malaka coincide con Málaga, mientras que Mainake se corresponde con el yacimiento fenicio de Toscanos. MLK para algunos significa emporio, lugar de trabajo, factoría o incluso “aderezo con sal”, lo que implica que las salazones de pescado constituían el pilar fundamental de la economía. Si se ubica en la bahía de Málaga, Malaka se extendía a los pies de la colina donde se emplazan las fortalezas medievales de la Alcazaba y Gibralfaro, próximo al cauce del río Guadalmedina.
Si contásemos con la creencia de que se había fundado únicamente con los habitantes del Cerro del Villar, sería fenopúnica, pero ya existía desde antes, demostrado cuando excavaron en el derribo de La Alcazaba o del Teatro Romano.
Debido al carácter costero y la clara vocación marinera de los fenicio-púnicos lograron crear vías comerciales con los Tartessos, a través de Gadir (Cádiz). Tras la conquista de los territorios fenicios por Nabucodonosor II, Malaka pasa a ser dominada por los cartagineses, luego los romanos conquistaron la ciudad y la llamaron Malaca.
Tras esta larga introducción, voy a pasar a hablar de la mitología 'malagueña', a través de las civilizaciones antiguas, centrándome en una Diosa, entre la mitología fenicia, tartessa y la celtíbera, de la que se sabe poco, o casi nada, pero que aún así ha influido en la actualidad. Hablo concretamente de Malac o Noctiluca.
DIOSA MALAC O NOCTILUCA
Como Diosa Íbera, se considera el numén del motor espiritual del Mediterráneo, debido a que en este pueblo prevalecía el culto de las divinidades femeninas, de carácter telúrico, aunque también rendían culto al sol y la luna, o éso se cree. Cuando los fenicios llegaron le dieron el nombre de Malac, y era la diosa de la fecundidad, la vida y la muerte. Su teónimo (Malaka) podría ser el origen del topónimo Málaga.
Durante las fechas del Solsticio de Verano, suele llegar un pequeño visitante, que pasaría totalmente inadvertido por los malagueños, de no ser porque son como pequeñas luciérnagas esparcidas en el agua, allí donde la marea mueve el mar pueden verse miles de pequeños destellos provenientes de la pequeña Noctiluca Scintillans, comúnmente conocida como Chispa de mar.
Los antiguos fenicios creían que esas partículas centelleantes eran el reflejo de algún artificio de Noctiluca, diosa de la Luna o de la Luz Nocturna, divinidad innominada a la que rendían culto en las noches de luna llena. Noctiluca representa a la ancestral y primigenia diosa Madre, principio femenino que se añade al eje rector de la Luna como organizador de los ciclos vitales y agrícolas. Su nombre cambia según las lenguas de los pueblos que la veneraban. Según Avieno, los tartessos la hicieron 'suya' y la nombraron de otra forma: Noctiluca.
“Allí, frente a la ciudad, hay una isla de dominio de los tartessos, consagrada desde antiguo a Noctiluca…”
Dicha isla parece ser que era una isla situada frente a la Cala del Moral y que hoy día está unida a tierra firme debido al cono de arrastres del río Totalán, que ha cegado la ensenada que en tiempo romano recibía el nombre de “Sinus Calacticus”, un brazo de mar encerrado entre los dos cantales de La Cala del Moral. La isla de Noctiluca ocupaba el centro de esa ensenada. Allí puede encontrarse una de las escasas cuevas submarinas emergidas que se conocen en el mundo, la Cueva del Tesoro, en Rincón de la Victoria, y lugar de culto a la Diosa. Malac era una diosa fenicia, a la que adoraban como Astarté, Isis en Egipto y Hécate en Grecia.
Anteriormente mencioné a las tradiciones, una que, ha llegado hasta nuestros días en muchos lugares del mundo, y es que los fenicios llevaban en procesión a la diosa Malac desde el santuario del Higuerón hasta lo que hoy son las playas de El Palo, allí introducían a la diosa en el mar para que bendijera las aguas. Ésta tradición fenicia ha dado origen a la actual procesión y bendición de la Virgen del Carmen.
Como ven, hay muchas cosas que nos han dejado nuestros antepasados, no sólo en el ámbito material, también en lo inmaterial, las costumbres pueden cambiar, pero los orígenes jamás lo harán. La historia no sólo se remonta a estudiar el pasado sino también los mitos, creencias y costumbres.